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Un sueño hecho realidad. Salí de mi país con numerosos sueños por cumplir, entre ellos, seguir con mi objetivo de educar a las personas sobre la importancia de la producción agroecológica u orgánica, así como también sobre el papel fundamental de los polinizadores.
Lo más hermoso de estas dos esferas es su total conexión; ambas pueden desarrollarse de manera conjunta. No podríamos concebir un cultivo orgánico sin tomar en cuenta a los polinizadores en este proceso. Esta interrelación me llena de alegría; sí, cosas como éstas me alegran al darme cuenta de cuán conectado está todo?
Así mismo, no podríamos concebir una producción orgánica sin considerar lo comunitario. No tiene sentido cultivar de manera aislada; la agricultura agroecológica u orgánica debe abordar no solo el proceso productivo en sí, sino también toda la cadena de producción, incluyendo la comercialización, y, más allá de eso, la búsqueda de soluciones en conjunto y comunidad. Debemos entender esto: todo está conectado. Lo reafirmo, somos parte del mismo sistema. No es lo mismo si solo yo cultivo orgánico y mis vecinos utilizan químicos. Si todos trabajamos juntos hacia una meta común: un futuro sostenible y comida sana para todos. Así me he imaginado en unos años a Nuevo Arenal.
Con el tiempo, inmersa en estos sueños, he formado parte de grandes colectivos o grupos ambientalistas, donde he aprendido mucho sobre el tema. Lo más gratificante ha sido crear comunidad. Sin embargo, también he adquirido conocimientos técnicos e ideas que me han impactado profundamente, como el concepto de las Camas de riego por irrigación o Wicking bed (en inglés). Este tipo de camas diseñadas para lugares con épocas de sequía, son también muy útiles para espacios comunitarios, como huertas escolares, donde se requiere un mantenimiento más independiente y autónomo.
Además, este sistema parece ser una adaptación perfecta al cambio climático que cada año se hace más evidente. Con el aumento de las olas de calor y la prolongación de las épocas secas se vuelve aún más relevante. Desde que llegué a Costa Rica no he dudado en incluirlo como parte de las estrategias de creación tanto de jardines polinizadores como de huertas urbanas.
Retomando la idea de los sueños, como parte del grupo ambientalista Red de Pueblos Polinizadores, estamos apoyando un proyecto indispensable del grupo Comida Resiliente, centrado en la creación de huertas comunitarias y educativas. Este proyecto contempla la importancia de la diversidad, tanto de flores nativas para polinizadores, como de rubros y técnicas agroecológicas. Pero más importante aún, reconoce y celebra la diversidad cultural, pues entre todos los que contribuimos a este proyecto reunimos diversas nacionalidades, edades, ideologías y religiones, y por lo tanto, diversos puntos de vista.
Actualmente trabajo en una finca orgánica llamada Finca Alquimia, donde el respeto y el amor por la vida, así como entre nosotros, son fundamentales. Y los polinizadores están más que protegidos, todos los cultivos están rodeados de diversas flores, y uno de nuestros objetivos es ser una referencia y compartir el conocimiento adquirido sobre la producción orgánica. Es por esta razón que La Finca también se ha sumado al proyecto de Comida Resiliente.
No podría estar más contenta y agradecida con la vida, ya que todo por lo que he estado trabajando se ha materializado en este hermoso pueblo. Desde mis diferentes roles, he logrado contribuir al mismo objetivo, incluso desde Casas Vida Libre, una empresa de mini casas rodantes con enfoque ecoturístico que también se ha sumado a la movida ambientalista polinizadora. Incluso desde el restaurante más popular del pueblo donde trabajo hace más de 4 años, Moya's Place, ya que Moyita ha tomado en cuenta las ideas y ha colaborado de muchas maneras, no solo trabajando físicamente sino también proporcionando refrigerios para las actividades de la Red y ahora de Comida Resiliente.
Todo está interconectado, y todo nos vincula y une a aquellos que tenemos sensibilidad y amor por la vida, y deseamos crear comunidad y conciencia, tanto a nivel individual como colectivo.
Estoy muy feliz y agradecida de que todos podamos crecer en este nuevo y maravilloso proyecto de Comida Resiliente, y de que todos podamos aportar nuestro granito de arena. Por ejemplo, en una de las jornadas, David, de Platillos Voladores, nos ofreció refrescos y agua fresca, y Óscar, de la tienda Orgánica de la esquina frente al campo, nos brindó deliciosas frutas refrescantes. Jornada a jornada se siguen sumando voluntades, donaciones y colaboraciones. Este proyecto nos abraza a todos, nos une porque compartimos valores de amor y respeto por la vida, por nosotros mismos y por los demás?
¡Que viva la vida, que viva la diversidad, y como decimos desde la Red: Más flores, más polinizadores, más vida! ¡Gracias equipo! ¡Gracias comunidad!